"A nuestros abuelos no había que darles demasiados avisos, sabían que ante la canícula estival en los Madriles no hay más que botijo, sombra y en último y sofocante extremo sacar los colchones a la calle"
Lo que sí llega a nuestras recocidas entendederas veraniegas un día sí y otro también son las alertas de Meteorología, que nos avisan del riesgo (moderado, generalmente) de las altas temperaturas. Antiguamente, esto es, antes de la memez generalizada de la sociedad timorata y alelada de hoy, antiguamente, decimos, no había que avisar a nadie de que hacía calor. Bastaba con echarle un vistazo a los árboles por la noche, con las hojas tan quietas, sin atisbo de aire o brisa, que más que algarrobos, castaños, plátanos y acacias vivos parecen disecados. A nuestros abuelos no había que darles demasiados avisos, sabían que ante la canícula estival en los Madriles no hay más que botijo, sombra y en último y sofocante extremo sacar los colchones a la calle, costumbre no tan remota que antes se ponía en práctica en los barrios de corralas y verbenas. Está bien que nos alerten, pero la precaución podía venir acompañada de alguna medida humanitaria, tal que algún abono gratuito para estanques y piscinas, o que a cada madrileño le pusieran en casa un buen equipo de aspersores que le refrescaran salvas sean las partes. Bien está, pues, que los meteorólogos nos pongan sobre aviso, y mejor y más refrescante aún que nos vayamos a la piltra con la susodicha braga náutica o, en el peor de los casos, con los calzones de poliuretano.
Autor Manuel de la Fuente visto en el diario ABC
No me parece buena idea irse a la cama con el calzón de poliuretano, el resultado por la mañana debe ser algo parecido a las pasas. Jajaja
ResponderEliminarUn saludo