Enrique no se merecía morir y menos de esa manera. Autor de algunas
de las más bellas canciones de la música pop española de este fin de
siglo con Los Secretos y Los Problemas, siempre vivió al margen de
boatos, premios, fiestas y galardones oficialistas avalados por tal o
cual refresco.Ahora que tan de moda está agasajar a las efímeras
estrellas del pop, nos acordamos de lo mucho que hicieron Los Secretos
por nuestras vidas, más de una vez aquejadas de los mismos problemas que
tenía Enrique y el escaso reconocimiento que tuvieron.
Los Secretos siempre fueron unos perdedores. En los días del punk
eran despreciados e insultados por su valentía al expresar sus más
íntimos sentimientos sin tapujos. Y ahora los modernos de turno los
consideraban pasados de moda por no cambiar el ritmo de sus corazones
por sonidos digitales.
A Enrique nos lo podíamos encontrar cualquier noche deambulando por
las calles de Madrid. Parco en palabras, de semblante taciturno y con
una profunda melancolía dibujada en su rostro, desaparecía sin que
supiéramos cuándo ni dónde lo volveríamos a ver.
Ahora tan sólo nos quedan sus canciones y su siempre amigable y
tierna sonrisa y un hueco en nuestros corazones y en la música pop
española tan necesitada de creadores con tanta sinceridad y vida.
En un mundo que se tecnifica a pasos agigantados y en el que los
sentimientos desaparecen sepultados de una manera brutal bajo los ruidos
de moda, las canciones de Enrique eran los Sonidos del Silencio.
Autor Jesús Ordovas.
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