10 abril, 2008

Quiero ser mujer por un dia



Este relato se escribió el pasado 8 de marzo día internacional de la mujer trabajadora. Espero que os guste.

Hoy quiero ser mujer, por un día.
Estar en Darfur y saber qué se experimenta cuando mi cuerpo es botín de guerra de las tropas sudanesas.

Estar en Kosovo y saber qué se siente cuando un soldado de la ONU, bien pagado y alimentado, me exige mi cuerpo a cambio de una ración de comida para mis hijos.

Entrar a un juzgado como abogada y sentir la humillación de que un secretario me mire el culo en lugar de mirarme a los ojos.

Entrar con mi guardapolvo de médica a la cafetería de un hospital y verificar que mis colegas varones cuentan los chistes e historias más soeces cuando yo estoy presente.

Ser la hija púber de una puestera en el noroeste argentino y oír cómo el patrón le reclama a mi madre que me entregue a él esta noche.

Cumplir quince años y pedirles de regalo a mis padres unas tetas de silicona y ver cómo ellos me lo conceden sin tratar de persuadirme de lo contrario. Entender por qué todas mis amigas también parecen ser infelices, devaluadas y despreciadas mientras no consiguen sus nuevas tetas de silicona.

Cumplir alguna edad por encima de los 50 y enterarme de que mi esposo cuenta por ahí, entre risotadas, que soy una bruja gorda, y tratar de entender por qué nunca se ocupó de avisarme que me había convertido en una bruja gorda. Tratar de recordar cuándo fue la última vez que me compró algo bonito o me elogió los zapatos, o se dio cuenta de que había cambiado mi peinado. O en todo caso, la última vez que comentó conmigo un libro, una película o una noticia del diario.

Querer ir a la escuela para aprender a leer en Guinea Ecuatorial, Ghana o Burkina Faso y saber qué se siente cuando me dicen que no, que no necesito leer para atender con mis manos desnudas una labranza cada año menos provechosa.

Ir a una comisaría a denunciar un abuso sexual y saber qué se siente cuando dudan de mi palabra o me convierten en sospechosa.

Ir a otra comisaría a denunciar que mi marido o novio me molió a golpes y tratar de entender por qué me preguntan si no me caí por la escalera.

Quiero por un día ser una mujer bosnia, o rwandesa, o juarense(de Ciudad Juárez, recuerdan?) O una de las quince mil niñas expulsadas de las escuelas en Tanzania en sólo tres años por quedar embarazadas. O una de ese veinte por ciento admitido de mujeres de los 27 países de la Unión Europea que sufren algún tipo de violencia doméstica. O una obrera u oficinista norteamericana empleada en esa automotriz japonesa que inventó el "control total de calidad", para experimentar cómo es esperar diez años para que mi sindicato me asista en una demanda por acoso.

Quiero tener por un día ojos de mujer para mirar desde ahí la grotesca miseria del machismo.

No puedo hacer nada de esto, claro. A duras penas puedo imaginarlo, y es tanto el horror, tan furiosa la indignación que me provoca, que me parece que únicamente las mujeres pueden tener el coraje y el instinto para resistir todo esto , si sobreviven, seguir adelante.

No es necesario ni útil, tampoco, que yo imagine ser mujer por un día. Las mujeres tienen, en otras mujeres igualmente valientes, voces suficientemente autorizadas. Todo esto está dicho, denunciado, recopilado, documentado, registrado. Todo esto ha sido una y otra vez reclamado a gobiernos, organismos internacionales, a las democracias, las autocracias y las teocracias.

Pensándolo bien, creo que hoy preferiría ser gallego. Sí, gallego, porque me he enterado de que en Galicia se ha formado una organización de varones, la primera, dedicada a combatir y erradicar el machismo. Gallegos, los de los chistes, de cejas hirsutas y acento montaraz, fueron pioneros en las agrupaciones y foros contra el machismo que luego se replicaron en toda España.

Quisiera tener por aquí cerca a un grupo de pares, de varones, que pudiéramos marchar hoy con esa pancarta que dice "no seas macho, sé hombre" que vi. por televisión en unas marchas en Lugo y Santiago de Compostela.

Quisiera que, dentro de un año, el 8 de marzo, la lista de triunfos en favor de la igualdad de las mujeres sea, de una vez por todas, mucho más larga que la lista de agravios.

Hoy no seré mujer, ni siquiera por un segundo. Pero me sentiré cerca de cada mujer. Y de cada hombre que se sienta cerca de cada mujer. Muy cerca.

Eddie Abramovich, 8 de marzo

4 Internautas dijeron....:

Eddie Abramovich dijo...

Hola, soy Eddie Abramovich, de Buenos Aires, autor de este texto. Gracias por publicarlo. Me gustaría saber cómo te llegó. Si te reslta cómodo, puedes escribirme a viejodinosaurio@gmail.com, o bien dejarme un comentario en mi blog La Urraca Ladrona (viejodinosaurio.blogspot.com) Gracias otra vez.

Eddie dijo...

Hola, Soy Eddie Abramovich, el autor de esta nota. Me gustaría que me cuentes cómo te llegó mi carta. Un cordial saludo.

Anónimo dijo...

Muy bien Eddie.Hay que tener muchos huevos para ser feminista.
Me sorprendió lo que contás de los gallegos feministas porque en España es pan de todos los días que un tipo mate a golpes a su mujer, y las tratan con una grosería inconcebible. En Andalucía directamente las llaman "Chocho"-concha- -Eh chocho, tráeme otra cerveza.
No sé si sabrás que en Mendoza, el dueño de un supermercado les ponía pañales a las cajeras para que no perdieran tiempo en ir al baño. Y el tipo sigue vivo, libre, está bien. deberías hacer alguna mención a esa cosa horrorosa llamada "chador". Coincido, la mujer es un ser superior, sensible, valiente, fenomenal. (Y conste que no digo esto para conseguir chicas!) M.

Anónimo dijo...

Felicito este buen cuento de Eddie, el cual he encontrado de casualidad. Y suscribo todo cuanto expresa.

No ocurre lo mismo con el comentario que dice que 'en España es pan de todos los días que un tipo mate a golpes a su mujer.' Antes de emitir una opinión de ese calibre, el señor que la ha hecho debería consultar datos oficiales sobre feminicidios, y entonces se daría cuenta de que, por desgracia, ningún país está exento de tamaña tragedia, sin embargo, la imagen que dejado de ese país es del todo injusta, porque está muy alejada de la realidad.

Asimismo, en andalucía también te llaman cariñosamente 'hijoeputa', y hay que acpetarlo sin mayores dramas, porque ya sabemos que todas las culturas son chocantes para quienes son foráneos a ellas.

Saludos